Sobre gustos, no hay nada escrito
¿Qué escribir que todavía no se haya dicho? ¿Qué contar que todavía no se haya hablado? El mundo del fútbol estuvo atento a este duelo tan particular entre el Barcelona (el mejor del mundo) y el Inter (el que vive el mejor momento), lleno de condimentos de un lado y del otro, con dos de los técnicos más capaces del mundo, con estilos tan diferenciados como eficaces.
Hay dos maneras de mirar el vaso: la mitad llena o la mitad vacía, y como ocurre habitualmente en estos casos, no faltará el "oportunista" que diga que lo del Barcelona se terminó, que ha fracasado, que ahora el equipo de Mourinho es el mejor de todos, que el Inter es el "anti-fútbol", que al Barcelona lo privaron de un gol legítimo y bla, bla, bla...
Todo es opinable, todo es discutible, pero lo que no se puede perder es la memoria. Esta, fue una serie de 180 minutos, en la que el equipo italiano ganó el global 3-2, pero uno no debe quedarse sólo con la última imagen, esa del Inter, defendiendo desde el primer minuto la ventaja que había conseguido en el partido de ida, y mucho más cuando a los 28 minutos del primer tiempo se quedó con 10 jugadores por la expulsión de Thiago Motta. No podemos olvidarnos que en Italia, el Inter fue mucho más de lo que fue el Barça en su cancha en el partido de vuelta, y ahí es donde radica la diferencia obtenida.
El equipo de Guardiola, fiel a su estilo, tuvo posesión de balón, control, juego asociado, paciencia, pero casi no generó situaciones de mano a mano con Julio Cesar (el mejor arquero del mundo) y a mi entender, le falto rebeldía, la que si tuvo Piqué yendo al ataque sin importarle las formas, como la tuvo todo Barça en aquella final del mundo frente a Estudiantes de la Plata en Abu Dhabi.
El conjunto del "Gran Mou", supo "dejar" jugar al Barcelona donde no lastimaba y sí en los últimos 30 metros del campo presionar, ocupar cada espacio como corresponde, no permitir que penetre Messi, ni que desborden Pedro o Dani Alves. Hay estadísticas que revelan la posesión que tuvo el Barcelona y certifican que manejó el partido, pero no siempre fue utilizado correctamente. Hay una de ellas que asombra: Xavi dio 156 pases y todo el Inter 174.
Mucho se seguirá hablando del Catenaccio de Mourinho (no hay ni un italiano que haya jugado en esta semi-final de vuelta), de sus excentricidades y de que este Inter no juega a nada, pero para todo hay una respuesta: El equipo italiano vuelve tras más de 30 años a disputar una final de Europa, está primero en el Calcio y va a jugar la final de la Copa Italia. Algo bueno debe tener este equipo de Mourinho, ¿no?
